Lunes, 09 Septiembre 2019 10:01

Calidad nutricional en el adulto mayor.

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Los datos estadísticos revelan en los últimos años un deterioro paulatino de la calidad en la alimentación y la insuficiente práctica de la actividad física a nivel Europeo. En las tres últimas décadas, se ha producido un aumento del sobrepeso y la obesidad en el conjunto de la población. La consecuencia en el futuro es un incremento de las enfermedades crónicas, con una reducción de la esperanza y sobre todo en la calidad de vida debido a la dependencia que generan. A mayor edad y peor calidad de vida mayor riesgo de fragilidad. 

Es imprescindible, transmitir a la población pautas adecuadas de alimentación y de actividad física que permitan mantener estilos de vida saludable que conduzcan a la reducción de riesgos de padecer patologías crónicas y prevenir la dependencia. Algunos de los factores de riesgo para una muerte prematura están correlacionados con la alimentación y la actividad física (tensión arterial, colesterol, índice de masa corporal, ingestión insuficiente de fruta y de verdura, inactividad física, consumo excesivo de alcohol).

Para alcanzar un adecuado equilibrio alimentario y nutricional, se precisa una correcta alimentación e hidratación, es decir, llevar una alimentación saludable, que conlleva que la misma sea variada, moderada y equilibrada, la cual depende de la disponibilidad de los alimentos, del poder adquisitivo de las personas mayores, de los gustos o apetencias de estos, de sus creencias, costumbres y conocimientos sobre los alimentos.

Un factor que hemos de tener presente en las personas mayores, es que la alimentación está condicionada por las alteraciones estructurales y funcionales como consecuencia del envejecimiento. En algunas ocasiones, disfrutar con la alimentación no es tan fácil y puede estar llena insatisfacciones y quejas. 

Los cambios que más afectan a la alimentación son los siguientes:

  1. Alteración en los órganos de los sentidos: papilas gustativas y olfatorias, visión, etc.

  2. Problemas orales que condicionan la ingesta (caries, enfermedad periodontal, ausencias dentarias,  dificultad en la masticación y deglución, etc.).

  3. Aparato digestivo: tránsito esófagico-gástrico y vaciado gástrico lento, alteraciones de la acidez gástrica, tránsito intestinal lento, etc.

  4. Otros problemas de salud: hepáticos, renales, cardiovasculares, etc.

  5. Medicamentos: como consecuencia de las enfermedades que padecen, frecuentemente, toman múltiples medicamentos, algunos con efecto anorexígeno y otros que interfieren en la absorción de los alimentos.

Podríamos concluir afirmando que el objetivo de una buena alimentación, no ha de ser otro que, a través del placer que esta nos produce, alcanzar un estado nutricional óptimo, que proporcione el máximo estado de salud o bienestar.



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